El Cuerpo y el Uso de Aceites Esenciales

Lo que produce la armonía en todas las partes del hombre es la medicina, que asegura la salud […].

El cuerpo humano es un clavicémbalo, y cuando tiene las cuerdas demasiado flojas o demasiado tensas,
el instrumento está desafinado, la persona está enferma […].

Ahora bien, todo lo que hay en la naturaleza ha sido hecho para remediar las necesidades del hombre;
por ese motivo hay toda clase de recursos en los arcanos de la medicina […].

Y cuando el clavicémbalo humano está desafinado, se puede buscar el remedio en la vasta extensión de la naturaleza:
existe una cura para cada padecimiento de la carne
.

(El Evangelio Acuariano)

 

Muchas resinas y hierbas aromáticas y sus aceites esenciales respectivos entraron en el acervo de la medicina durante el siglo XVIII. Cuando el progresista siglo XIX desembocó en el siglo XX, se había establecido en ese campo una trayectoria lenta pero segura. El ramo de la perfumería se expansionó, al mismo tiempo que la investigación farmacológica adquiría una orientación cada vez más química. El descubrimiento y síntesis de los fármacos se convirtió en su preocupación central.

Los herbolarios de antaño, mucho más preocupados por asuntos como los humores, los grados de calor, frío, humedad y sequedad, etc., habían logrado curar a sus pacientes incluso sin el menor conocimiento de esas medicinas y de sus enfermedades concomitantes. No se dedicaban únicamente a suprimir la infección, sino a hacer que sus pacientes estuvieran lo más sanos posible -un enfoque más positivo.

En ocasiones aquellos antiguos herbolarios emplearon sustancias aromáticas capaces, desde luego, de suprimir la infección; pero desconocedores de la dosificación y de otros pormenores, sus tratamientos eran con frecuencia ineficaces. En cambio ahora, empleando la combinación debida de esencias en cada caso o afección particular, podemos mejorar el índice de éxitos de los antiguos herbolarios y hacer al mismo tiempo muchísimo menos daño y mucho más bien a la salud general que aquellas personas que sólo utilizan medicamentos químicos.

Por supuesto que las esencias no pueden hacerlo todo, a veces será necesario recurrir a la cirugía o a los antibióticos. Pero el mundo de las sustancias aromáticas contiene un tesoro de agentes antisépticos en forma de aceites esenciales. El farmacéutico insistirá en ocasiones en que sabe todo lo que hay que saber en cuestión de esencias y sus propiedades, pero que para cada condición ha encontrado algo más eficaz, más potente, menos costoso y más sintético. No va a decirnos posiblemente que cuanto más potente sea para lo bueno uno de esos agentes, será también potencialmente más dañino. Tampoco tendrá, posiblemente, mucha idea de las ventajas de las sustancias orgánicas en relación a las inorgánicas.

Los medicamentos o las esencias pueden ser eficaces para suprimir una determinada infección, pero el organismo humano tiene la facultad de combatirla sin ninguna ayuda o interferencia desde fuera. De no haber sido por esta capacidad, la especie humana habría desaparecido hace muchos miles de años.

No se pretende que haya que sustituir los antibióticos por esencias, pero es bien cierto que cualquier sustancia con potencia suficiente para ser eficaz contra una serie de enfermedades diferentes en millones de personas distintas, necesariamente tiene que causar problemas.

La solución reside más bien en reducir nuestra dependencia de los fármacos y prestar más atención a la salud positiva de la persona. Cuando se prescriben individualizadas, las esencias son casi tan efectivas como las medicinas sintéticas, y mucho menos peligrosas. Pero no se deben usar únicamente por sus propiedades antibióticas, por ejemplo, o tendremos únicamente una repetición de los mismos problemas. Hace falta un enfoque más individualizado y sutil al tratamiento de la mala salud –algo similar al enfoque homeopático-, que le dé a la persona, en su totalidad, el apoyo que necesita en el sitio adecuado y la forma idónea para ella a fin de restablecer la armonía y de eliminar de una vez esa mala salud. Así empleados, los aceites esenciales pueden desempeñar un papel muy útil.

Al iniciar un tratamiento con aceites esenciales debemos tener en cuenta todos los síntomas y demás factores existentes, ya sean psicológicos o fisiológicos. A fin de dilucidar el aceite o aceites que deberemos emplear, hay que saber si el caso es crónico o agudo, si hay o no un catarro excesivo, por ejemplo, si la persona está ansiosa o deprimida, si existe alguna otra condición (acaso estreñimiento o artritis), y así sucesivamente. Existe una esencia –o una mezcla de esencias- para hacer frente a cada cuadro patológico. Nuestra misión es hallar la adecuada.

La dosis a prescribir de cualquier sustancia es un factor muy importante en la medicina ortodoxa, en la homeopatía y también en la aromaterapia. Administrada a una dosis inadecuada, una sustancia no producirá el efecto terapéutico deseado, e incluso puede hacer daño; en ocasiones puede producir realmente el efecto opuesto. Los aceites de melisa y romero, por ejemplo, tienen un efecto estimulante o sedante dependiendo de la dosis administrada.

Podemos preguntarnos qué objeto tiene extraer el aceite de una planta para emplearlo después en una concentración tan pequeña que quizá fuese mejor utilizar la propia planta. Existen varias razones prácticas evidentes. En primer lugar, dar un masaje dorsal con un puñado de hojas de salvia tiene sus desventajas. En segundo lugar, el hecho de separar el aceite de la planta, equivale a potenciar un remedio homeopático: se procede a extraer la naturaleza más sutil de la planta… “separar lo denso de lo sutil y lo sutil de lo denso” (Braunschweig).

La vía seguida por un aceite esencial en el organismo desde su ingestión hasta su eliminación varía. Los hay que se eliminan por los pulmones, otros por la orina, unos pocos por la piel y muchos más a través de más de una vía. Unos cambian químicamente dentro del organismo y otros no. Durante su paso por el cuerpo, las esencias pueden alojarse parcialmente en los riñones, el hígado u otro órgano. La mayor parte del aceite de ajo, por ejemplo, se elimina inalterado por los pulmones, el resto por la orina. La mayor parte del aceite de sándalo se elimina por la orina, combinado con ácido glucurónico.

Por último, los efectos de las esencias pueden dividirse en dos tipos:

●  Fisiológico: actúa directamente en el organismo físico. Estos a su vez pueden subdividirse en dos tipos: los que actúan a través del sistema nervioso (y acaso el sistema endocrino), y los que lo hacen directamente en un órgano o tejido. Estos dos efectos son bastante distintos, aunque pueden producirse simultáneamente.

●  Psicológico: actúa a través del sentido del olfato, en la mente, lo que a su vez puede ejercer un efecto fisiológico. Este efecto es mucho menos predecible que el fisiológico y varía, hasta cierto punto, de una persona a otra.

Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

“My first thought was, who am I to teach?”

– Mary Kate McDevitt, Skillshare teacher with 50,000 students

WATCH VIDEO

I'm a Copywriter in a Digital Agency, I was searching for courses that'll help me broaden my skill set. Before signing up for Rob's.

[contact-form-7 404 "Not Found"]
TRUSTED BY OVER 6000+ STUDENTS

Join our community of students around,the world helping you succeed.

GET STARTED
error: Content is protected !!