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El Arte de la Jabonería en Frío y 100% Natural

Explora la sección de cosméticos de un supermercado, empuja la puerta de una perfumería, una farmacia o una tienda ecológica… miles de artículos para el cuidado y la higiene personal compiten en formas, fragancias, colores y slogans para captar nuestra atención, estimular nuestro sentido del olfato y satisfacer nuestra insaciable necesidad de limpieza: gel de ducha, jabón líquido, jabón sin jabón, jabón de Castilla, jabón de Alepo o cualquier otro jabón, ya sea de aquí o de cualquier otro lugar…

Disponemos de infinidad de opciones, pero todavía hoy somos incapaces de descifrar los ingredientes de esta “arma de destrucción”.

La cosmética industrial está bien establecida y ha logrado imponer su presencia ante los medios de comunicación. Tras cincuenta años de “bombardeo publicitario”, seguimos confiando ciegamente en nuestras marcas favoritas, por muy caras que sean.

Sin embargo, en los últimos tiempos algunos programas de televisión han realizado un gran trabajo de investigación para desenmascarar a la industria cosmética: los consumidores hemos podido descubrir, gracias a ellos, que los principios activos de la naturaleza representan tan sólo un pequeño porcentaje del producto cosmético convencional. A esto se han sumado un gran número de estudios, publicaciones, emisiones y campañas de sensibilización. La respuesta inmediata de la industria cosmética ha sido la nueva etiqueta «BIO» en sus productos. Las marcas se multiplican, los comercios “bio” proliferan sin cesar…. ¡una auténtica marea!

Con una gran cantidad de envases y publicidad, el marketing recupera rápidamente sus derechos: los grandes grupos convencionales compran pequeños laboratorios precursores, los grandes distribuidores lanzan su propia marca de cosméticos bio a bajos precios.

En esta jungla consumista, un porcentaje de los consumidores sigue buscando más transparencia y simplicidad. Las fuentes de información y formación están por fin comenzando a extenderse al gran público. Como consumidores, poco a poco nos estamos dando cuenta de que se trata más de una cuestión de cocina que de laboratorio, y de que los ingredientes básicos activos, son accesibles y muy a menudo entran en contacto con los alimentos o se encuentran en nuestras cocinas.

Además, las recetas de belleza del pasado se basaban en combinaciones sencillas extraídas del entorno directo. El jabón es uno de ellos. Sin embargo, desde la Segunda Guerra Mundial, hemos abandonado su elaboración doméstica. Y lo que es todavía peor, una parte importante de la población de los países del Tercer Mundo ha confiado en nuestras principales marcas para sus productos de higiene y belleza, en detrimento de un jabón local sin embalajes ni aditivos químicos.

El Impacto de los Detergentes en el Medioambiente

Los detergentes se producen y utilizan en una cantidad de varios millones de toneladas al año (56% para los detergentes y 8% para la higiene personal).

Algunos componentes son difícilmente biodegradables y, por lo tanto, se dispersan en los medios acuáticos. Actualmente se observa la influencia negativa de los detergentes, sobre todo en la vida marina, lo que implica un deterioro de la cadena alimentaria y del hábitat. Además, existen sinergias que hacen que los detergentes sean todavía más nocivos en presencia de otros contaminantes (metales, pesticidas, productos derivados del petróleo, etc.). El conocimiento de estos fenómenos y una regulación adecuada, no pueden por sí solos evitar el impacto de los detergentes en el equilibrio de los ecosistemas.

Un poco de Química…

El jabón es un producto de la saponificación.

JABONES ARTESANALES

Durante el proceso, se mezcla un ácido graso (aceite o grasa) con una solución de sosa cáustica o potasa disuelta en agua, que se conoce como «base». Por la acción del calor (ya sea liberado por la propia reacción química o producido por el calentamiento externo) y la mezcla, el ácido y la base se combinan para formar jabón y también glicerina.

La molécula de jabón presenta dos extremidades que se oponen, debido al carácter hidrófilo de uno (afinidad con el agua) y el carácter hidrófobo del otro (repele el agua). Durante el lavado, las partículas grasas o no acuosas son recubiertas por las cabezas hidrófobas de las moléculas de jabón con las cabezas hidrófilas hacia el exterior. De este modo, el agua de aclarado arrastra fácilmente las pequeñas partículas de suciedad atrapadas por estas moléculas.

Verdadero tensioactivo, el jabón favorece además la penetración del agua en la ropa y la piel.

Un poco de Historia

Imagínate…

En una hermosa tarde de verano, al abrigo de una cueva, un cazador prehistórico fríe su última presa en una gran hoguera. La grasa del animal se funde y se mezcla con las cenizas todavía calientes. De repente estalla una tormenta y el agua de lluvia cae suavemente sobre las cenizas (ricas en potasa). Todos los ingredientes se reúnen para que el jabón surja de la nada…

Históricamente, la evidencia más antigua del uso del jabón se remonta a unos pocos miles de años antes de Jesús; sobre una tablilla de arcilla escrita en sumerio -el idioma de Mesopotamia (actual Irak). Parece que el jabón se usaba para preparar la lana antes de teñirla.

A principios de nuestra era, los romanos fueron grandes consumidores de jabón, lo empleaban principalmente para aclarar el cabello. Los galos también lo utilizaron en curtidurías y lavanderías. En su fabricación se utilizaban fundamentalmente grasas animales y cenizas de madera. El aceite de oliva únicamente se encuentra en la historia del jabón desde el siglo XV. A lo largo de los siglos, se ha experimentado con otras grasas, como los aceites de pescado y los aceites tropicales que los comerciantes de esclavos traían de los puestos de comercio coloniales durante el siglo XVII.

En 1791, Nicolas Leblanc dio paso a la química moderna elaborando, a partir de sal de cocina, la sosa cáustica que facilita la producción de jabón.

En 1823, inspirado por sus predecesores, Eugène Chevreul desarrolló la teoría de la saponificación. Nace entonces la jabonería moderna.

Procesos de Fabricación

Hasta la llegada de la jabonería industrial, el jabón se fabricaba siempre a partir de cuerpos grasos y de potasa (forma rudimentaria e impura de carbonato de potasio obtenido a partir de las cenizas de las plantas). Este procedimiento ancestral se emplea todavía en algunos países del Tercer Mundo.

El Procedimiento Ancestral (Caliente)

El método implica un largo tiempo de cocción de los ingredientes. La sosa se disuelve en agua y luego se incorpora a las materias grasas. La emulsión obtenida se calienta durante largas horas y se mezcla hasta que alcanza el punto de equilibrio (es decir, hasta la obtención de una pasta de jabón). A continuación, se añade sal a la pasta resultante para eliminar el exceso de sosa y glicerina contenidas en la emulsión. Después el jabón se lava para retirar la sal. La pasta se vierte finalmente en grandes moldes o incluso en el suelo. Poco después las barras de jabón están listas para guardar.

El Método en Frío

Ya conocido en el siglo XVI, experimentó un crecimiento significativo en el siglo XIX – durante la Conquista de Occidente – entre las comunidades pioneras.

Este procedimiento es en la actualidad muy preciso y los ingredientes básicos (sosa cáustica, grasas y agua) se pesan en gramos.

Su gran ventaja es que no requiere cocción externa: es la acción de remover la que inicia la reacción química. La emulsión se coloca en un molde al inicio de la reacción. Aprovechando su propio calor, la saponificación se prolonga en el molde sin ningún otro tipo de manipulación.

Simple y atractivo, el método no se puede aplicar a escala industrial.

Ventajas del Jabón en Frío

●  La saponificación en frío ofrece numerosas ventajas que los jabones industriales no pueden ofrecer:

●  Toda la glicerina resultante de la saponificación se conserva: produce un efecto hidratante incomparable.

●  La ausencia de cocción permite el uso de grasas y aceites esenciales sin prácticamente alterar sus propiedades.

●  El impacto medioambiental es nulo (siempre y cuando se use sosa obtenida por el procedimiento de membrana): no queda sosa residual en la fabricación, no hay embalaje, ínfimo consumo de energía.

●  Se pueden utilizar tantas bases oleosas como recetas, lo que asegura una extraordinaria diversidad de propiedades cosméticas.

Los Ingredientes en la Saponificación en Frío
Sosa Cáustica

El Hidróxido de Sodio (sosa cáustica o NaOH en su abreviación química) es necesario para la elaboración de cualquier jabón sólido (el hidróxido de potasio o KOH sólo permite la fabricación de jabones líquidos).

La industria química produce sosa cáustica por electrólisis a partir de cloruro de sodio (sal de mesa). Las plantas químicas más antiguas (que utilizan células de mercurio) todavía liberan mercurio en el medio ambiente. En los años setenta se desarrolló un proceso más limpio y económico (células de membrana), que actualmente proporciona un tercio de la producción europea. La situación está evolucionando positivamente con la sustitución gradual de las instalaciones obsoletas.

Lo ideal es trabajar con sosa cáustica en polvo o microesferas (perlas) del proceso industrial de membrana.

Se utiliza la sosa para iniciar la reacción química, pero ésta desaparece por completo del producto terminado.

Aceites y Grasas

Cualquier grasa puede ser saponificada (excepto los aceites minerales o sintéticos, como la parafina o la vaselina). Las grasas vegetales, extraídas de semillas o frutas oleaginosas por presión mecánica, forman parte de las grasas empleadas en la fabricación moderna de jabones naturales.

Se emplean a menudo los aceites vegetales de Almendra dulce, Aguacate, Bayas de Laurel, Borraja, Camelia, Camelina, Cártamo, Cáñamo, Coco, germen de Trigo, Jojoba, nuez de Albaricoque, Oliva, pepita de Uva, Ricino… y mantecas vegetales de Cacao, Karité, Mango

Perfumes Naturales

Existen miles de fragancias sintéticas, muchas de las cuales se desarrollan expresamente para la industria del jabón. El uso de estas sustancias es totalmente inapropiado cuando hablamos de Jabones de Elaboración Artesanal y 100% Naturales.

Cada día son más las personas reactivas a los aromas de síntesis, motivo por el que dejamos a un lado la industria convencional para centrarnos en lo que nos ofrecen los aceites esenciales, ¡que no es poco!

Los aceites esenciales se utilizan principalmente por sus cualidades aromáticas, pero también podemos beneficiarnos de sus excelentes propiedades para el cuidado de todo tipo de pieles y cabellos.

Ésta es una pequeña muestra de aceites esenciales que podemos emplear en jabonería: Amyris, Albahaca, Árbol del té, Bergamota, Canela de Ceilán (corteza), Cedro del Atlas, Clavo, Ciprés, Elemí, Geranio, Eucalipto, Lavanda, Lemongrass, Limón, Mandarina, Menta piperita, Naranja dulce, Palo de Hô, Petitgrain bigarade, Romero, Vainilla (oleorresina), Vetiver, Ylang-Ylang…

Colores

Para dar color a los jabones no es necesario utilizar productos sintéticos. El mundo vegetal ofrece a la jabonería natural una extraordinaria gama de matices.

Aquí algunos de los colorantes vegetales que con mayor frecuencia se utilizan: polvo de Cacao, polvo de Café, polvo de Canela, polvo de Cúrcuma, Clorofila en polvo, Espirulina en polvo, Índigo en polvo, Sándalo rojo en polvo, Carbón vegetal en polvo, infusión de hojas de Ortiga, zumo de Zanahoria, aceite de Palma virgen, pulpa de Aguacate…

Los colores de la Tierra

Arcilla blanca, amarilla, rhassoul, roja, verde… para dar color a los jabones con una amplia paleta y aportar suavidad.

Texturas

Para aportar textura al jabón y crear efectos exfoliantes, es posible utilizar semillas, nueces u otras plantas secas.

Sugerencias para exfoliantes suaves: cereales en granos, copos o harinas (avena, centeno, quinoa, mijo, etc.), salvado de cereales (trigo, avena, etc.), germen de trigo, semillas de frutas (uvas, frutos rojos, etc.), semillas (lino, sésamo, café…), almendras, nueces, avellanas, etc.

Sugerencias para un efecto visual: algas secas, especias en polvo (cayena, canela, clavo de olor, cardamomo, pimentón, anís estrellado…), hierbas secas (cualquier planta aromática, ortiga, etc.), pétalos de flores (caléndula, girasol, manzanilla, cártamo, etc.).

Otros Aditivos

Inclasificables, estos ingredientes proporcionan maravillosas propiedades cosméticas:

Aloe vera: el gel extraído de las hojas de esta planta grasa contiene excelentes propiedades terapéuticas que alivian muchas dolencias, como quemaduras (solares y de cualquier otro tipo), heridas diversas, hemorroides, acné, etc. Calmante y altamente hidratante, estimula el desarrollo de las células jóvenes.

Leche: las materias grasas contenidas en la leche se saponifican, proporcionando un auténtico “jabón de leche”. Se opta por las leches con un alto contenido graso, como la leche de oveja, vaca y cabra.

Miel: la miel, producida tan generosamente por las abejas es, sin duda, uno de los productos cosméticos más antiguos del mundo que todavía hoy sigue utilizándose. Reafirma la piel y posee propiedades antiarrugas. También es emoliente y humectante.

JABONES ARTESANALES

Estas Navidades regala Salud, regala Bienestar…

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