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Conservantes

Un Conservante es un ingrediente cuya misión es prevenir el desarrollo de microorganismos, como bacterias y hongos, en los productos de cosmética.

Ya sea convencional u orgánico, un cosmético no puede protegerse contra la biodegradabilidad natural y se deteriora desde un punto de vista organoléptico. En otras palabras significa que pierde en sensorialidad: el olor puede verse modificado, la textura y el color pueden cambiar… Esta degradación natural del producto puede incluso ser peligrosa en algunos casos.

El objetivo de los conservantes es, por lo tanto, proteger la biodegradabilidad, pero también proteger la fórmula de una posible contaminación microbiológica externa.

Los conservantes pueden usarse en todo tipo de cosméticos. Sin embargo, son más comunes en los cosméticos que contienen un alto porcentaje de agua, ya que éste es el medio donde hongos y bacterias se desarrollan. Aun así, un producto que contenga poca agua también puede requerir conservantes si ésta tiene suficiente actividad.

No existen conservantes naturales. Sin embargo, existen conservantes “idénticos a la naturaleza”, es decir, conservantes que existen en la naturaleza pero que no se pueden extraer en cantidades suficientes.

De la larga lista de conservantes, únicamente cinco están autorizados en cosmética orgánica:

●  Ácido benzoico y sus sales
●  Alcohol bencílico
●  Ácido salicílico y sus sales
●  Ácido sórbico y sus sales
●  Ácido dehidroacético y sus sales

Es importante diferenciar entre un conservante y un antioxidante: los conservantes sirven para proteger el producto cosmético de modificaciones microbiológicas indeseables y contaminaciones microbianas (bacterias, hongos, levaduras, etc.). Con respecto a los antioxidantes, protegen los aceites y las mantecas vegetales del enranciamiento debido a la oxidación y, por lo tanto, ralentizan la oxidación.


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