Aceites Esenciales y Función Cognitiva

Hace algún tiempo, un trabajo de investigación sobre el cerebro de los perfumistas despertó mi curiosidad. Sabía que oler aceites esenciales podía ejercer un profundo impacto en nuestro bienestar psicológico, y quería ver si se producían cambios fisiológicos reales en el cerebro de las personas expuestas con frecuencia a los aromas. Y como habrás adivinado, los hay.

Resulta que en esta investigación en particular (Delon-Martin et al 2013) descubrieron que implicar el sentido del olfato de forma regular, ejerce un profundo impacto en nuestros cerebros, y se observaron diferencias estructurales entre los cerebros de profesionales entrenados (perfumistas) y personas no entrenadas, hasta el punto de que ciertas regiones cerebrales presentaban un volumen significativamente mayor.

Cada vez disponemos de más pruebas de que la exposición regular a los aromas tiene un efecto significativo en la salud de nuestro cerebro en general y, en concreto, en nuestra función cognitiva. Esto es importante, dado que el deterioro cognitivo es uno de los mayores retos emergentes de la salud pública.

Exploremos lo que sabemos y lo que podemos hacer…

¿Qué es la Función Cognitiva?

El término «función cognitiva» engloba varias áreas relacionadas con nuestra capacidad para realizar tareas. Describe los procesos mentales que intervienen en la asimilación de conocimientos, la manipulación de la información y el razonamiento. En general, incluye la atención, la percepción, el aprendizaje, la memoria, la toma de decisiones y las capacidades lingüísticas. Básicamente, cada vez que utilizamos nuestro cerebro para algo, estamos empleando nuestra función cognitiva.

Las pruebas de función cognitiva son cada vez más habituales como parte de los reconocimientos médicos periódicos, y pueden ir desde una evaluación muy sencilla, hasta protocolos de pruebas más extensos y exhaustivos que evalúan numerosas capacidades: atención, memoria, habilidades visuo-espaciales, lingüísticas y de razonamiento.

Hablando con familiares y amigos, observo una preocupación recurrente que se acentúa a medida que envejecemos: la mayoría tememos perder nuestra capacidad cognitiva o incluso desarrollar algún tipo de demencia. De hecho, como mencionaba al principio, la disfunción cognitiva es uno de los principales problemas de salud pública. Tener la sensación de que el cerebro no funciona correctamente, puede resultar inquietante.

La «buena» noticia es que un cierto nivel de deterioro cognitivo es parte normal del proceso de envejecimiento. De igual manera que nuestra piel pierde elasticidad, también lo hace nuestra mente, y perdemos cierta capacidad cognitiva. Lo único que parece mejorar con la edad es nuestro vocabulario (Eikelboom et al 2020).

Entonces, ¿cuándo hay que preocuparse y buscar ayuda? Como dijo un experto en función cognitiva: “No recordar dónde has aparcado el coche, no es realmente una preocupación, estar delante de tu coche y no reconocerlo, sí lo es“. Dicho esto, ¡la detección e intervención tempranas son muy importantes!

Niebla Cerebral: DCS y DCL

Aparte del envejecimiento, podemos experimentar deterioro cognitivo por otros motivos y, dependiendo de la causa, recibe diversos nombres: quimiocerebro, cerebro de covivo, niebla cerebral, niebla mental y otros términos similares. Todos ellos describen el mismo fenómeno que engloba síntomas como la dificultad para concentrarse, el olvido y la incapacidad para encontrar las palabras adecuadas. Me gusta especialmente la cualidad visual de los dos últimos términos, ya que enlaza muy bien con el estado opuesto y deseable de «claridad mental» o «visión clara».

El término médico para la niebla cerebral es deterioro cognitivo subjetivo (DCS) o deterioro cognitivo leve (DCL). El DCS se define como la experiencia autodeclarada de empeoramiento o mayor frecuencia de confusión o pérdida de memoria, no necesita diagnóstico oficial y es más leve que el DCL.

Según el Centro de Control de Enfermedades de EE.UU., el 11,1% de los estadounidenses padece este trastorno. El porcentaje es ligeramente superior entre los hombres, la población negra y las personas con menos años de educación formal.

El siguiente estadío, el DCL, puede identificarse mediante una combinación de pruebas que incluyen la evaluación de la función olfativa (más información sobre este tema más adelante). El trastorno puede ser temporal o prolongado y progresivo (empeora).

En aproximadamente el 20% de las personas, el DCL evoluciona hacia la enfermedad de Alzheimer (EA). Casi el 50% de las personas con COVID prolongado también experimentan DCL, aunque éste suele ser reversible. Es muy probable que conozcas a alguien que haya experimentado esto durante o después de sus infecciones por COVID.

Antes de pasar a lo que se puede hacer para ayudar a disolver la niebla mental del deterioro cognitivo, veamos la relación entre el olfato y la salud cerebral.

Evalúa tu Olfato, evalúa tu Cerebro

Tanto en el DCL como en la EA, la respuesta a los olores en el córtex olfativo (una compleja serie de estructuras) de nuestro cerebro está muy reducida, lo que se manifiesta como una disminución del sentido del olfato. Lo más probable es que esto se deba a que las mismas regiones de nuestro cerebro intervienen tanto en el procesamiento olfativo, como en el cognitivo. Esto es fascinante y muy útil, ya que la pérdida de agudeza olfativa, puede producirse antes de que se detecten otros síntomas, lo que permite intervenir a tiempo y, con suerte, evitar un deterioro más rápido y agudo.

La evaluación olfativa puede utilizarse para detectar otros trastornos neurológicos y psicológicos (enfermedad de Parkinson, depresión), y STANA, una organización que promueve la investigación sobre el olfato y el gusto, aboga por que las pruebas olfativas formen parte de los reconocimientos médicos generales.

Si deseas evaluar tu sentido del olfato, puedes encargar una de las pruebas disponibles en el mercado -hay muchas-, o puedes preparar una en casa utilizando tu kit de aceites esenciales. Eso sí, asegúrate de mezclar las muestras o de que otra persona realice la prueba para que al principio no sepas lo que estás oliendo.

Realizar una evaluación olfativa en casa:

●  Elige de 6 a 8 aceites esenciales que conozcas y que sean distintos entre sí (sugerencias: Menta piperita, Limón, Lavanda, Salvia esclarea, Citronela y Pino silvestre).

●  Anótalos y asígnales un número.

●  Deposita 1 gota de cada uno de ellos en una bolita de algodón e introduce cada algodón en un frasco o botella vacía (también puedes depositar cada gota en palitos de inhalador individuales).

●  Etiqueta el fondo de cada frasco con el número correspondiente al aceite esencial que contiene.

Es posible ajustar la dificultad de la evaluación:

●  No dar ninguna pista, los aceites tienen que evaluarse «a ciegas».

●  Proporcionar una lista completa de los aceites incluidos, hay que asignar números a los aceites.

●  Crear una prueba de elección forzada, dando tres opciones a elegir para cada aceite (esto requiere más preparación y no puede ser auto-administrado).

Si deseas evaluar tu propio sentido del olfato con el kit, asegúrate de no mirar las etiquetas numeradas e intenta adivinar el aceite antes de comprobar la lista. También puedes elegir tres aceites al azar de tu kit de testaje.

Siempre es una buena idea realizar un seguimiento de tu rendimiento, por lo que tendrás que asignar puntuaciones a los resultados de la prueba.

En términos generales, todo lo que supere el 90% de puntuación, es un gran resultado, y todo lo que esté por debajo del 50%, se considerará una alteración del sentido del olfato.

Cuando huelas una sustancia de la prueba, la primera pregunta es “¿Puedo oler algo?“. -Esto proporcionará un resultado de detección, y puedes puntuar 1 o 0 (sí o no).

La tarea de determinación -“¿Qué estoy oliendo?“-, se puntuará a continuación.

Así, cada muestra puede proporcionarte dos puntos: uno por detección y otro por determinación.

Para que quede claro, hacer trampas NO te ayudará a evaluar tu sentido del olfato; ser honesto/a SÍ lo hará.

Aceites Esenciales al Rescate

Ahora que sabemos que nuestro sentido del olfato puede ayudarnos a obtener una instantánea de nuestra salud mental, podemos estudiar cómo aprovechar el olfato y los aromas para mejorarla.

Existen varias estrategias (respaldadas por pruebas clínicas) que podemos utilizar para perfeccionar nuestras habilidades de memoria y mejorar el rendimiento mental en general.

Voy a examinar cuatro de ellas:

1. Difusión durante una tarea mental

En una investigación realizada por Mark Moss, se difundió aceite esencial de Romero (QT cineol) durante una prueba de memoria. El grupo expuesto al aceite esencial obtuvo un 13% más de precisión que el grupo de control (Moss et al 2003).

En otro ensayo, se difundieron cuatro aceites esenciales diferentes durante una prueba de memoria, y tanto el de Romero como el de Menta piperita mejoraron la calidad de la memoria, así como las puntuaciones de la memoria secundaria, mientras que los aceites esenciales de Lavanda e Ylang Ylang no lo hicieron (Moss et al 2008).

Difundir Romero o Menta piperita puede ayudar a potenciar tu memoria cuando estás trabajando, y es una intervención muy fácil de poner en práctica.

2. Condicionamiento Olfativo

Otra forma de mejorar la memoria, es aprovechar el poder del condicionamiento. En el sentido más clásico, condicionar significa crear una asociación entre dos cosas que antes no estaban relacionadas.

El olfato es una herramienta excelente para el condicionamiento, y esto puede resultar muy útil para ayudar en situaciones de estrés. De lo que quiero hablar ahora es del condicionamiento de la memoria: crear conscientemente un vínculo entre un olor y algo que deseamos memorizar.

Esto puede llevarse a cabo mediante el condicionamiento clásico o a través de la nueva y emocionante estrategia de la Reactivación Dirigida de la Memoria (TMR por sus siglas en inglés, Targeted Memory Reactivation).

En el condicionamiento clásico, se difunde un aceite esencial mientras se aprenden hechos o habilidades, y luego, cuando se necesita recordarlos, se utiliza el mismo aroma para estimular la memoria. Esto puede funcionar mejor si se utiliza un aceite esencial con el que la persona no esté familiarizada (para evitar confusiones con asociaciones anteriores).

En un estudio de 2010, se expuso a estudiantes universitarios a vapores de aceite esencial de Romero o de Limón mientras se les mostraba una sucesión de palabras que debían calificar en una escala de agrado (para ocultar el hecho de que se trataba de una prueba de memoria). Posteriormente se les pidió que recordaran esas palabras mientras se les exponía al mismo aroma o a otro diferente. Los grupos que fueron sometidos el mismo olor mientras aprendían las palabras inicialmente, y después cuando se les pidió que recordaran las palabras, obtuvieron resultados significativamente mejores que los que se expusieron a un olor diferente durante el aprendizaje y el momento de recordar.

3. Reactivación Dirigida de la Memoria

La Reactivación Dirigida de la Memoria (RdM) funciona sobre la misma base que el condicionamiento, pero lo lleva al siguiente nivel.

Se desarrolló como una técnica mediante la cual se dirigen recuerdos específicos durante el sueño utilizando un estímulo sensorial vinculado a un aprendizaje previo. Durante el sueño, nuestro cerebro consolida algunos recuerdos, pero no otros.

Cuando durante el sueño se presenta el mismo olor que estaba presente durante el aprendizaje reciente, esto anima al cerebro a consolidar (pasar a la memoria a largo plazo) esa información aprendida en particular.

Se ha investigado más sobre el uso de la RdM con sonidos que con olores. Sin embargo, a menudo es preferible utilizar olores, ya que la difusión nocturna es más fácil, los olores no despiertan a la persona y, además, no pasan por el hipotálamo, por lo que funcionan bien tanto para los recuerdos emocionales, como para los factuales.

Las investigaciones sugieren que la exposición nocturna a los olores funciona mejor durante el sueño de ondas lentas (SWS), es decir, durante las 2-3 primeras horas de sueño, pero la difusión nocturna a bajo nivel, también es efectiva.

El primer estudio clínico que demostró la RdM mediante el uso de olores, fue realizado en 2007 por Björn Rasch y sus colegas en Alemania. Se sometió a los sujetos a una tarea de memoria antes de irse a dormir y mientras olían una rosa. Cuando el mismo olor se presentaba durante la fase del sueño SWS, aumentaban las puntuaciones de la prueba a la mañana siguiente. Las puntuaciones eran mucho peores cuando el olor estaba presente durante el SWS pero no lo había estado durante la fase de aprendizaje, o cuando estaba presente sólo durante el sueño y al despertar al día siguiente.

Tanto en el Condicionamiento Olfativo como en la RdM, se puede utilizar cualquier aceite esencial, la única condición es que sea un olor novedoso para la persona.

4. Enriquecimiento Olfativo

Un estudio de 2023 sobre la mejora de la función cognitiva, suscitó bastante interés en el mundo de la investigación psicológica, y con razón, ya que los autores afirmaban que la simple difusión de aceites esenciales por la noche, durante 6 meses, mejoraba la memoria de las personas mayores de 65 años en un enorme 226% (Woo et al 2023).

Tanto en este estudio como en otro anterior similar realizado en Corea (Cha et al 2021), se utilizó la difusión continua a bajo nivel de una lista rotativa de aceites esenciales durante el sueño, mientras se comprobaba la salud cognitiva de los sujetos despiertos. El principio en que se basa este tipo de intervención se ha denominado «enriquecimiento olfativo», y se sirve del estrecho vínculo entre nuestras funciones cognitiva y olfativa.

La hipótesis que subyace al enriquecimiento olfativo es que cuanta más variación haya en nuestro paisaje olfativo, más estimulación recibirá nuestro cerebro y esto, a su vez, agudizará nuestra función cognitiva. Se están realizando más estudios para validar esta hipótesis, pero mientras tanto, es sencillo practicar en nosotros mismos la difusión nocturna.

¿Y el Entrenamiento Olfativo?

Si la disminución del sentido del olfato está relacionada con el deterioro cognitivo, ¿significa esto que mejorarlo también tendrá un efecto positivo en nuestro cerebro?

El entrenamiento olfativo es, en efecto, una forma estupenda de mejorar o recuperar el sentido del olfato, y gracias a la investigación, sabemos que la exposición regular a los olores, modificará la estructura de nuestro cerebro, por lo que debería ser una obviedad.

De hecho, los investigadores ya han intentado estudiar los posibles beneficios secundarios del entrenamiento olfativo, pero lamentablemente los resultados de los pocos estudios disponibles, no son concluyentes o hablan de una mejora muy leve en una sola de las áreas cognitivas: las habilidades lingüísticas (Birte-Antina et al 2017).

Sin embargo, en mi opinión personal, realizar un entrenamiento olfativo cuenta como ejercicio cognitivo, especialmente si se combina con una pequeña prueba olfativa -intentar recordar qué olor es cuál-, y cualquier esfuerzo de este tipo debería ayudar a mantener la salud del cerebro, incluso si no existiera ningún beneficio añadido en el uso de aceites esenciales.

Vigilancia y Rendimiento

Una gran parte de nuestra agudeza mental consiste en ser capaces de permanecer vigilantes o alerta.

Ésta es también un área en la que la difusión de aceites esenciales puede ayudar -y la investigación de 2020 mostró resultados prometedores utilizando una mezcla de Menta piperita, Romero y Canela (86%, 11% y 3%, respectivamente) y una mezcla de Menta piperita, Romero y Pomelo (50%, 30% y 20%, respectivamente)- (Schneider 2020). (Los autores del artículo no concretaron el tipo de aceite de Canela empleado en el estudio).

Ambas mezclas se administraron durante tareas de atención y concentración. Los tiempos de reacción, así como la precisión, fueron significativamente mejores en los grupos de inhalación en comparación con los de control, y también en comparación con un grupo al que se le proporcionó una bebida energética: Red Bull®.

Conclusión y Consejos Prácticos

El olfato tiene la capacidad de moldear nuestro cerebro, y podemos utilizar este potencial en nuestro beneficio a la hora de afrontar retos de salud cognitiva, ya sean causados por una enfermedad, una intervención médica o simplemente por el hecho de hacernos mayores.

Existen varias formas de utilizar los aceites esenciales para optimizar nuestra salud cognitiva.

Si necesitas concentrarte durante un periodo de tiempo relativamente corto, puedes probar a inhalar o difundir aceite esencial de Romero o Menta piperita.

Para ayudar a memorizar información específica o prepararte para un examen, utiliza un aroma que no conozcas previamente como herramienta de Condicionamiento de la Memoria o Reactivación Dirigida de la Memoria (RdM).

Y para el mantenimiento y las comprobaciones generales de la salud cognitiva, el Enriquecimiento Olfativo, el Entrenamiento y las pruebas utilizando una variedad de aceites, es probablemente la mejor forma de proceder.

Fuente: Instituto Tisserand

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